Kids Health

Recommended Resources

Read this article in English(Cancer: Readjusting to Home and School)

Megan nunca olvidará el día en que su médico le dio la buena noticia: después de pasar casi 4 meses en el hospital luchando contra el cáncer y varias complicaciones asociadas, por fin, estaba lo bastante recuperada como para volver a casa. Estaba contentísima. Pero, ¿por qué se le hacía un nudo en la garganta en cuanto se imaginaba andando por los pasillos de su centro de estudios? ¿Por qué, al recibir una noticia tan magnífica, se había puesto, de repente, tan nerviosa?

Megan no es la única persona que se siente así. La gente que tiene cáncer y lleva mucho tiempo internada en un hospital suele ponerse un poco nerviosa cuando se entera de que ya puede volver a casa.

Volver a conectar con la familia y los amigos

Si acabas de pasar mucho tiempo internado en un hospital, te hará mucha ilusión ver a todos tus amigos. Pero es posible que te plantees muchas preguntas. Por ejemplo: "¿Me tratarán mis amigos igual que antes?" "¿Podré seguir el ritmo de la clase?" y "¿Podré hacer deporte otra vez?"

Es posible que también te preocupen algunos aspectos de la vida familiar. ¿Cómo reaccionarán mis hermanos? ¿Serán mis padres demasiado protectores conmigo? ¿Y si tengo que depender de mis padres más de lo que me gustaría?

Tal vez sea un alivio para ti saber que todas estas sensaciones y emociones son completamente normales. También te gustará saber que la mayoría de los adolescentes que han tenido largas internaciones hospitalarios vuelven a coger el ritmo de las cosas y se acoplan a la rutina sin problemas. Solo requieren un poco de tiempo y de paciencia.

Volver a la rutina

En el hospital, probablemente echabas de menos las rutinas cotidianas que seguías en casa: desde oír el despertador por la mañana y coger el autobús hasta oír cómo te llaman cada noche para que vayas a cenar. Probablemente hasta echabas de menos las cosas que te parecían molestas o agobiantes, como hacer los deberes o discutir con tus hermanos.

Las rutinas, por simples que sean, nos van bien porque nos ayudan a estructurar nuestras vidas. Nos permiten saber qué esperar.

Por eso es una buena idea intentar volver a la rutina lo antes posible. Volver a asistir al centro de estudios te ayudará automáticamente a adaptarte a la rutina, pero también hay otras formas de conseguirlo. Por ejemplo, ofrécete voluntariamente a realizar algunas tareas domésticas (siempre y cuando puedas realizarlas desde el punto de vista físico). También puedes empezar a responsabilizarte de tu tratamiento, sea aprendiendo a cambiarte un vendaje o acordándote de tomar los medicamento a las horas indicadas.

El hecho de que te fijes unas expectativas realistas sobre ti no significa que no puedas aceptar un pequeño extra de atenciones "tiernas y cariñosas" de vez en cuando. Al fin y al cabo, esas atenciones también forman parte del proceso curativo. Solo es una forma de transmitir el mensaje (a tu familia, tus amigos e incluso a ti mismo) de que no vas a permitir que tu enfermedad defina quién eres y de qué eres capaz.

Volver al centro de estudios

Al igual que Megan, probablemente habrás pasado bastante tiempo preguntándote cómo será ese primer día de reincorporación. Aunque la verdad sobre ese día será diferente en cada persona, probablemente es mejor que esperes que ese día sea tanto emocionante como un poco agobiante.

Por suerte, hay gente que puede ayudarte a hacer la transición a la vida escolar con más facilidad. En cuanto se establezca la fecha de tu reincorporación, tu equipo de salud, junto con tus padres, podrá trabajar codo a codo con tus profesores, la enfermería, el orientador escolar y el director del centro para determinar qué necesitarás para estar cómodo y seguro, así como para rendir en el centro de estudios.

A mucha gente le resulta más fácil empezar poco a poco. Puedes empezar haciendo breves visitas a tu centro de estudios. O yendo al centro un par de días a la semana o incluso medios días, lo que te vaya mejor. Para tener un apoyo moral extra, al principio es mejor que entres en el centro con un amigo.

Puesto que el tratamiento del cáncer puede repercutir sobre la forma de aprender, pensar, sentir y actuar, es posible que necesites un poco de ayuda adicional, sobre todo al principio. Por ejemplo, algunos niños que se han sometido a radioterapia o quimioterapia tienen problemas de concentración, de memoria o de habilidades motoras finas, como escribir a mano. Si tienes alguna dificultad, permite que tus padres y profesores lo sepan para que puedan ayudarte.

A veces, las adaptaciones especiales, que incluyen disponer de un equipo adaptativo, más tiempo para acabar las tareas, ayuda en determinadas actividades físicas, períodos de descanso a lo largo del día, clases de apoyo o tutorías, ayudan mucho durante el proceso de adaptación. No te avergüences si te recomiendan alguna de estas cosas. Su única función es ayudarte a rendir en el centro de estudios.

El centro de estudios también debería encontrar formas de incluirte en las actividades que se practican en el centro, como el deporte o las asociaciones. Habla con tu médico sobre qué actividades puedes practicar y cuáles no. Si ciertas cosas (como los deportes de contacto) no son recomendables para el momento que estás atravesando, participa de formas diferentes como, por ejemplo, encargándote de llevar la puntuación o convirtiéndote en el ayudante del entrenador.

Ten cuidado en no pasarte de la raya. No permitas que tu deseo de "ir a por todas" te impida escuchar a tu cuerpo. Si estás demasiado cansado para ir a una cafetería o dar un paseo por el centro comercial con tus amigos después de clase, no te fuerces. Vuelve a casa y descansa; ya harás cosas con tus amigos otro día, cuando realmente te apetezca.

Si alguna vez no te encuentras bien o crees que podrías tener fiebre, informa a tu profesor o enfermero escolar inmediatamente. Comunícate también con tus padres. Cuanto antes afrontes cualquier problema de salud, como una infección, mejor te encontrarás después.

Relacionarse con los amigos

Cuando una persona vuelve a su centro de estudios tras una larga ausencia, es posible que se convierta en el centro de atención de sus compañeros de clase. Esto puede resultar especialmente difícil de soportar si el cáncer y su tratamiento han modificado bastante su aspecto físico. Si estás un poco acomplejado, por ejemplo, porque has perdido o ganado peso, intenta ponerte ropa que sea de tu talla y que te resulte cómoda.

Si has perdido el cabello, haz lo que te parezca más adecuado para ti. Tal vez prefieras no llevar nada en la cabeza. O tal vez te vaya el estilo de llevar sombreros, fulares, pañuelos o bufandas, o de ponerte una peluca que te siente bien. Como ocurre con cualquier cambio de imagen, es posible que tengas que dedicar cierto tiempo a encontrar un estilo que te guste y con el que te sientas cómodo, así que diviértete experimentando.

Tu familia y tus amigos probablemente serán tu principal apoyo en esos momentos. Pero, como probablemente ya habrás descubierto, no todos los amigos son iguales. Algunos siempre estarán a tu lado, pase lo que pase. Pero habrá otros que no serán tan comprensivos contigo.

Cuando vuelvas al centro de estudios, es posible que llegues a la conclusión de que no merece la pena invertir tiempo ni energía en algunas personas que antes formaban parte de tu círculo social. También es posible que haya otras personas que deseen ayudarte pero no sepan cómo. Tal vez no estén seguras de qué decir, o es posible que tengan preguntas que hacerte pero no te las hagan por miedo a parecer insensibles.

Hablar con tus amigos sobre el cáncer puede ayudarles a entender todo por lo que has pasado. Pero lo mucho o lo poco que compartas sobre tu enfermedad (y con quién lo compartas) es algo que depende exclusivamente de ti. Si te sientes cómodo explicando detalles de la experiencia, ¡genial! Pero, si no es así, es perfectamente correcto que digas: "Ahora no tengo ganas de hablar sobre ello" o que cambies te tema. Es una elección personal. Tus amigos de verdad aceptarán cualquier decisión que tomes sobre lo que te apetece explicar de tu enfermedad.

Afrontar el estrés

Cuando una persona atraviesa un problema de salud como un cáncer, es posible que, cuando vuelva a casa, no encuentre las cosas exactamente como antes de la enfermedad. Es muy comprensible que te ocurra algo similar. Has pasado por cambios físicos y emocionales que la mayoría de tus amigos y familiares no han experimentado. No es de extrañar que muchas personas que se encuentran en una situación similar a la tuya describan el proceso de volver a casa como "recuperar una nueva normalidad".

O sea que tómatelo con calma mientras averiguas qué es lo más adecuado pata ti. Si te encuentras con obstáculos o inconvenientes, como estar estresado, tener dificultades para dormir, tener problemas en las clases o buscar excusas para no asistir al centro de estudios, habla con alguien al respecto. Tus padres, el orientador escolar y tu médico son personas que quieren verte bien y que saben cómo obtener la ayuda que necesitas para adaptarte a tu nueva normalidad.

También es posible que desees probar en tu casa una serie de actividades que te ayudarán a afrontar y asumir tus emociones. Llevar un diario, dibujar o pintar o hacer un álbum de recortes son formas muy adecuadas de "ponerte en contacto" con tus sentimientos. También pueden ayudarte a ver lo lejos que has llegado en tu camino de vuelta a la salud.

Contactar con un grupo de apoyo (sea por Internet o en persona) también es una buena forma de compartir tus miedos y preocupaciones con otros adolescente que saben exactamente cómo te sientes. Tal vez conozcas a gente que ya ha pasado por esta experiencia o que la está viviendo al mismo tiempo que tú. Tiéndeles la mano. Probablemente ellos podrán beneficiarse de tu apoyo, del mismo modo que tú sacas partido del suyo.

Es posible que cueste un poco de tiempo, pero las cosas seguro que van a mejor. ¿Y quién sabe? Una vez descubras tu nueva normalidad, ¡es posible que compruebes que incluso te gusta más que tu antigua normalidad!

Revisado por: Larissa Hirsch, MD
Fecha de revisión: octubre de 2010

More on this Topic

Related Resources